Zhuque-3 y la carrera de China por los lanzadores reutilizables: cuando la reutilización se convierte en política industrial

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Zhuque-3 representa un paso importante en las ambiciones de China de desarrollar lanzadores reutilizables. Pero el verdadero desafío va más allá de lograr el aterrizaje: convertir la reutilización en un ecosistema de lanzamientos escalable, seguro y económicamente viable.

El 19 de agosto de 2026, el Zhuque-3 de LandSpace despegó desde la Zona Piloto de Innovación del Espacio Comercial de Dongfeng, en el noroeste de China. El cohete, de 66,1 metros de altura, alcanzó la órbita antes de que su primera etapa regresara aproximadamente 390 kilómetros hasta una zona de aterrizaje designada en la provincia de Gansu, donde realizó un aterrizaje vertical controlado utilizando patas de aterrizaje. El logro supuso la primera recuperación mediante aterrizaje con éxito en China de una etapa reutilizable de un cohete de clase orbital y convirtió a LandSpace en la primera empresa privada china de lanzamiento en completar una recuperación de este tipo.

Sin embargo, el aterrizaje no supuso el final de la historia desde el punto de vista de la ingeniería. Un incendio posterior al aterrizaje dañó el propulsor recuperado, que posteriormente volcó, dejando el vehículo dañado. Este detalle es importante, ya que la reutilización no se considera consolidada simplemente cuando un cohete consigue llegar al suelo. El valor comercial de la recuperación depende de la capacidad del cohete para superar distintas etapas, concretamente la inspección, la reacondicionamiento y la recertificación, hasta finalmente realizar otro vuelo.

Por tanto, aunque aterrizar es un objetivo, la reutilización rutinaria es el verdadero objetivo industrial.

El Zhuque-3 resulta, por tanto, más interesante de lo que podría sugerir una simple comparación con el Falcon 9. LandSpace ha desarrollado este vehículo como un sistema comercial de lanzamiento reutilizable, utilizando estructuras de acero inoxidable y un sistema de propulsión basado en metano y oxígeno líquidos. La Administración Espacial Nacional China (CNSA) ha descrito el programa como parte de un esfuerzo más amplio para desarrollar sistemas de lanzamiento capaces de ofrecer una mayor capacidad, menores costes y una mayor frecuencia de lanzamientos.

China ha avanzado progresivamente hacia este modelo tanto mediante políticas públicas como a través del desarrollo tecnológico. En noviembre de 2025, la CNSA publicó su Plan de Acción para Promover el Desarrollo de Alta Calidad y Seguro del Sector Espacial Comercial (2025-2027). El plan identifica el sector espacial comercial como un componente importante del desarrollo espacial general de China y respalda específicamente el desarrollo de vehículos comerciales de lanzamiento de bajo coste, alta fiabilidad, respuesta rápida y capacidad de reutilización.

El plan también aborda las infraestructuras que los rodean, incluidos los puertos espaciales comerciales, los lanzamientos marítimos, los sistemas de recuperación y las capacidades comerciales de seguimiento y control.

Todo ello sitúa a los lanzadores reutilizables dentro de un ecosistema considerablemente más amplio. Un cohete no puede lanzarse con frecuencia simplemente porque su primera etapa sea capaz de aterrizar. Es necesario disponer y gestionar zonas de recuperación; las plataformas de lanzamiento deben contar con la infraestructura adecuada; los vehículos deben fabricarse a un ritmo suficiente; el hardware recuperado debe ser inspeccionado y puesto nuevamente en servicio; y los operadores deben poder obtener las autorizaciones necesarias para realizar operaciones repetidas.

Por tanto, el potencial económico de la reutilización depende de la capacidad de todo el ecosistema que la rodea para convertir un vehículo recuperado en un lanzador operativo una y otra vez.

Esta distinción también cambia las cuestiones jurídicas que rodean a los lanzamientos reutilizables. La regulación tradicional de los lanzamientos se desarrolló en torno a misiones en las que se fabricaba un vehículo y, una vez completada la misión, este era considerado en gran medida como una infraestructura desechable. La reutilización crea un ciclo operativo mucho más continuo que el escenario anterior. El mismo hardware puede pasar por las distintas etapas del ciclo de una misión. Por tanto, los sistemas regulatorios deben abordar algo más que la autorización de un lanzamiento individual. Inevitablemente surgirán cuestiones relacionadas con las zonas de recuperación, la seguridad pública, el estado de los componentes reutilizados y la distribución de responsabilidades a lo largo de la vida operativa de un vehículo.

La orientación de la política espacial china sugiere que estas cuestiones están siendo abordadas como parte del desarrollo industrial, y no como un aspecto regulatorio secundario. El Plan de Acción 2025-2027 vincula los vehículos comerciales de lanzamiento con sistemas de gobernanza más amplios relacionados con la industrialización. En consecuencia, la política gubernamental y el desarrollo de lanzadores privados están avanzando en paralelo, incluso cuando el propio cohete es desarrollado por una empresa comercial.

Esta relación entre las políticas públicas y la actividad privada en el sector de los lanzamientos merece diferenciarse de una simple narrativa de confrontación entre el Estado y las empresas comerciales. LandSpace es una empresa privada, pero su capacidad de lanzamiento reutilizable se está desarrollando dentro de un entorno condicionado por las prioridades industriales nacionales y la regulación estatal. El operador comercial desarrolla y opera el vehículo, mientras que el ecosistema más amplio en el que se desarrolla esta actividad está influido por las políticas nacionales.

Por tanto, la recuperación del Zhuque-3 tiene una importancia que va más allá del propio calendario de lanzamientos de LandSpace. Forma parte de una transformación más amplia del sector de lanzamientos chino, en la que las empresas comerciales están avanzando hacia capacidades que anteriormente estaban asociadas principalmente a los programas nacionales, mientras el Estado desarrolla políticas destinadas a respaldar una industria espacial comercial de mayor envergadura.

El momento también resulta significativo. La reutilización ya no es una cuestión limitada a una única empresa estadounidense dominante. Blue Origin ha demostrado la recuperación de propulsores de clase orbital en Estados Unidos, mientras que otras compañías de lanzamiento también están desarrollando sistemas reutilizables. La recuperación con éxito de LandSpace estuvo acompañada por nuevas evidencias del rápido avance de China en tecnologías de lanzamiento reutilizables, reforzando la percepción de que la recuperación y la reutilización se están convirtiendo en objetivos fundamentales para la próxima generación de sistemas de lanzamiento.

Sin embargo, la competencia no debería medirse únicamente por quién consigue aterrizar primero un cohete.

Un aterrizaje con éxito demuestra que una determinada secuencia técnica puede llevarse a cabo. Un sistema de lanzamiento comercialmente reutilizable necesita demostrar que esa secuencia puede repetirse de forma económica y segura a lo largo del tiempo. LandSpace ha declarado su intención de reutilizar varias veces las primeras etapas del Zhuque-3, mientras que distintos informes han relacionado su programa de recuperación con los planes de la empresa para una futura salida a bolsa y con la expansión de sus servicios de lanzamiento reutilizables.

Por tanto, la próxima prueba del Zhuque-3 será menos espectacular que su aterrizaje. En realidad, la mayor atención debería centrarse en lo que ocurre con el propulsor después de regresar al suelo.

¿Puede ser inspeccionado sin necesidad de una reconstrucción exhaustiva? ¿Cuánto reacondicionamiento necesita? ¿Con qué rapidez puede volver a estar operativo? ¿Puede repetirse el proceso con una frecuencia suficiente como para cambiar la economía de los lanzamientos?

Estas preguntas devuelven el debate a la política industrial. El lanzamiento reutilizable suele presentarse como una competición tecnológica entre cohetes, pero la competencia más trascendental podría estar relacionada con los sistemas capaces de sostenerlos.

La capacidad de fabricación, las infraestructuras de recuperación, las plataformas de lanzamiento, las cadenas de suministro, los procesos regulatorios y el acceso al capital influyen en la posibilidad de que un vehículo técnicamente exitoso pueda convertirse en parte de un servicio de lanzamiento fiable.

No obstante, la política espacial comercial de China parece reconocer esta relación. Su apoyo a los cohetes reutilizables se desarrolla junto con medidas relacionadas con los puertos espaciales, los sistemas de recuperación, el seguimiento y el control, así como con un desarrollo industrial más amplio.

Por tanto, la reutilización no se está impulsando como una capacidad de ingeniería aislada, sino como un componente más de un ecosistema de lanzamientos, dentro del cual la dimensión jurídica también desempeña un papel.

El artículo VI del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre El Tratado exige que los Estados autoricen y supervisen de manera continua las actividades no gubernamentales en el espacio ultraterrestre. A medida que se expanden los sistemas de lanzamiento reutilizables, esa responsabilidad debe ejercerse en el marco de complejas actividades comerciales que abarcan el lanzamiento, la recuperación y el uso repetido de una misma infraestructura. El derecho internacional no establece un único modelo regulatorio para hacerlo. Las disposiciones prácticas seguirán desarrollándose mediante la legislación nacional, las prácticas regulatorias y la capacidad institucional de los Estados que respaldan estas actividades.

En conclusión, Zhuque-3 ha demostrado ahora que una empresa comercial china puede lanzar un vehículo de clase orbital y hacer regresar su primera etapa a tierra. Se trata de un importante logro técnico, y la siguiente etapa consiste menos en demostrar que el propulsor puede regresar que en demostrar que puede volver a despegar. Si esto ocurre de manera repetida, la importancia de Zhuque-3 irá más allá de una única recuperación exitosa. Indicará que China está desarrollando no solo tecnología de cohetes reutilizables, sino también las condiciones industriales, regulatorias y comerciales necesarias para que los lanzamientos reutilizables se conviertan en una infraestructura habitual.